PERIODISMO Y DERECHOS HUMANOS

Ana María Romero de Campero

El  11 de septiembre de 2001, luego del ataque terrorista de dos aviones que se estrellaron contra las Dos Torres de Nueva York, la  televisión  realizó una cobertura extensa del suceso, con boletines ininterrumpidos durante varios días, pero el público sentía con que algo le faltaba.  Una vez que se activaron los reflejos de Pavlov a los que lo acostumbró la televisión, la gente empezó a preguntarse ¿y los muertos? ¿dónde están los muertos? 

El hecho mostrado asépticamente no convenció a un público acostumbrado al espectáculo de la muerte.  Al día siguiente la pregunta se reiteró en varias columnas de prensa hasta que se conoció que la televisión norteamericana había decidido no lucrar con los cuadros de horror que había provocado el siniestro donde se calcula que murieron más de 3.000 personas. Las únicas escenas espeluznantes que los canales alcanzaron a  proyectar mostraban a personas desesperadas que saltaban al vacío para huir del infierno instalado en los rascacielos.   La decisión era la que correspondía, pero si la mencionamos es precisamente por su carácter excepcional.

Todos sabemos que ni la CNN ni otros medios internacionales y  de nuestro país, tienen el mismo pudor cuando se trata de cubrir conflictos, catástrofes o hechos de sangre. La competencia comercial entre los medios alimenta el morbo de la gente y así la exhibición del dolor, el hambre o la muerte, que son el pan de cada día,  tiende a insensibilizarnos.  Quizás por eso una de las características de este tiempo sea la indiferencia y la insensibilidad. Estamos llegando a un punto en que ya nada nos conmueve.

Quienes deciden lo que es digno o no de mostrarse; qué asuntos vale la pena cubrir y cuáles no tienen relevancia, son los jefes de redacción y algunas veces los periodistas. Pero, aunque la línea de un medio debiera estar a cargo del director,  cada vez más intervienen en este campo gerentes y propietarios cuyo interés principal está en el mercado.

En la medida en que esa tendencia se extiende, podemos ver que se dedica menos tiempo a informar a la sociedad sobre los problemas que realmente le interesan. Para la comunicadora colombiana María Teresa Herran, la información sensacionalista puede considerarse, ante todo, un sofisma de distracción. Pero ¿es sólo eso?

Algunos autores se han propuesto indagar las causas para que esto suceda y han llegado a la conclusión de que, en realidad, lo que hacen los medios es darle a la gente lo que le interesa y entretiene.  Parten de la peligrosa idea de que la gente debe distraerse.  No tiene que preocuparse en pensar u opinar, otros ya están pensando y decidiendo por ella.

Apoyado por encuestas y otros estudios, Robert Putnam plantea que esa especie de adicción colectiva a la ventana electrónica  instalada en millones de hogares ha tenido como primer efecto una erosión de las relaciones sociales pero, además, ha hecho que se pierdan grandes contingentes de lectores.  Este autor establece que  existe una relación directa entre la lectura y la participación. (1)

Putnam considera que la declinación del tiraje de los diarios frente a la competencia audiovisual tiene sus efectos, tanto en la economía de quienes los sustentan, como en los fundamentos mismos del periodismo.

“El periodismo no podrá llevar a cabo sus responsabilidades públicas si a los lectores no les interesa ser, antes que nada, ciudadanos...”, alerta.

Para encarar este fenómeno ha surgido en los Estados Unidos y en otros países una corriente denominada “Public Journalism” o “periodismo público” que sale al rescate de los fundamentos de esta profesión.  Para ello no solamente analiza el fenómeno televisivo y sus contenidos, ya que en este medio hay también lugar para el buen periodismo, sino que sugiere que si quiere perdurar el periodismo debe encarar  una serie de cambios culturales y generacionales.

“La existencia de nuestra profesión depende de la viabilidad de la vida pública.  Una población desinteresada por lo público, replegada hacia la vida y los asuntos privados, no tiene necesidad ni del periodismo ni de los periodistas”, dice.

El tema no es menor. Es evidente que una de las necesidades del ser humano, para desarrollarse como tal, es conocer los hechos o acontecimientos que se suscitan a su alrededor. Esta necesidad es lo que se denomina Derecho a la Información y se manifiesta de dos maneras. Por un lado, en la facultad que tiene toda persona de investigar hechos o acontecimientos y de difundirlos a terceros a través de cualquier medio; por otro, en la facultad de toda persona de acceder o recibir información sobre esos hechos o acontecimientos.

El Derecho a la Información plantea una exigencia fundamental que es la veracidad. Quien informa debe transmitir o comunicar los hechos o acontecimientos ateniéndose a cómo se suscitaron en la realidad, ya que la persona depende de ese material noticioso para formarse un criterio, asumir una posición o actuar de determinada manera.

Shanto Yyengar sostiene que  la cobertura fragmentaria y episódica de los asuntos públicos ha contribuido a trivializar la discusión de los asuntos públicos y erosionar las bases mismas de la democracia.  

El  Derecho  a la Información implica la posibilidad de conocer la realidad tal como es.  Si nos atenemos a esa premisa, no habría nada de malo en mostrarlo todo, pero aquí interviene la obligación de respetar la dignidad humana como principio fundamental y valor esencial del Estado de Derecho, pero, además, de brindar un contexto que permita ubicar el hecho y las circunstancias en que se produjo. 

Cabe definir el concepto y los alcances de la palabra dignidad, para luego establecer cómo el abuso o el mal uso de un derecho o de una libertad, a través de los medios de comunicación, pueden afectar los derechos de las personas y, en consecuencia, su dignidad.

La  dignidad humana no sólo se traduce en el reconocimiento y respeto de la persona como tal, sino también el de sus derechos  fundamentales. Y esto porque existe una estrecha relación entre lo que se define como dignidad y los derechos fundamentales de la persona.

Para el jurista español Eusebio Fernández, la dignidad de la persona humana es la fuente de los valores de autonomía, seguridad, libertad e igualdad que fundamentan éticamente los distintos tipos de derechos.  Por eso la dignidad humana constituye la condición sine qua non de los derechos fundamentales.

Derecho al Honor, la Honra y la buena Reputación

El ejercicio del periodismo tiene que ser libre y tener como única limitación el Bien Común, el derecho al honor, la honra y el buen nombre de las personas. 

Veamos que significa cada uno de estos conceptos:

El honor es la percepción interna y subjetiva que tiene el propio sujeto de su dignidad y supone un grado de autoestima personal. Es un atributo moral que lleva a la persona al cumplimiento de sus deberes respecto de sí misma y para con los demás.

La honra es el reconocimiento social del honor, la estima y el respeto que los demás tienen sobre su dignidad, como producto de la virtud y el mérito.

La reputación, conocida también como fama o buen nombre, es el juicio valorativo que los demás guardan sobre las cualidades de una persona, ya sean morales, personales, profesionales o de cualquier otra índole y está vinculada a la conducta del sujeto y a los juicios de valor que sobre esa conducta se forme la sociedad.

Estos derechos son intangibles: nacen en la estructura misma de la personalidad de cada ser humano y forman parte de su fuero interno pero se proyectan hacia el exterior.  A toda persona le asiste el derecho de salvaguardarlos de ataques injustificados que los vulneren o que busquen quebrantar su núcleo esencial, que es la preservación de su dignidad.

Dentro de las normas que protegen este derecho podemos señalar:

-     El artículo 17 del Código Civil dispone que toda persona tiene derecho a que sea respetado su  buen nombre, y que la protección al honor se garantiza por este Código y demás leyes pertinentes.

-     Los artículos 282, 283 y 287 del Código Penal establecen los delitos de difamación, calumnia e injuria. Estos tipos penales tienen como bien jurídico protegido la honra y reputación de las personas.

 -     El artículo 12 de la Declaración Universal de Derechos Humanos establece que nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación, y que toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Libertad de expresión vs. derecho al honor, la honra y la buena reputación

Si bien las leyes consagran y protegen los derechos y libertades de las personas, también establecen las restricciones o limitaciones que conllevan su ejercicio. 

En ese sentido y de manera general podemos hacer referencia al numeral 2 del artículo 29 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que dice:

En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por ley, con el único fin de asegurar el reconocimiento y respeto de los derechos y libertades de los demás y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en la sociedad.

Si analizamos este artículo podemos establecer lo siguiente:

      Las facultades que una persona tiene en virtud al derecho a su libertad, no son de carácter absoluto, su ejercicio puede estar restringido o limitado por la ley.  

      Las restricciones o limitaciones que se establecen en la legislación buscan evitar que el abuso o mal uso de esas facultades vulneren los derechos y libertades de los demás, afecten su dignidad, la moral, el orden público y el bienestar de una sociedad.

Ahora bien, el derecho a la información y la libertad de expresión no escapan a esta regla puesto que su ejercicio o disfrute conlleva restricciones o limitaciones que, en la práctica, se traducen en obligaciones. Por ello es que el periodista que ejerce este derecho o disfruta de esta libertad debe actuar siempre de buena fe.  No debe olvidar su obligación de respetar los derechos y libertades de las personas, que son objeto de los hechos u opiniones que expresa o difunde, ni del bienestar de la sociedad en su conjunto.

La trasgresión a estas normas éticas se hace efectiva cuando quien ejerce este derecho o esta libertad ignora los derechos de otras personas.

A diario observamos como, bajo la excusa de que se está ejerciendo este derecho o esta libertad, se atenta contra el honor y la buena reputación de las personas; se les imputa la comisión de delitos, de hechos inmorales o de menosprecio público, se divulgan datos o hechos de su vida privada sin importar el daño que se les puede ocasionar.

Y esto ocurre, por ejemplo, cuando se difunde una noticia relacionada a la comisión de un delito y se muestra a la víctima con total falta de respeto hacia su persona o sus familiares, o se sentencia con ligereza y sin ningún respaldo serio.  En fin, se cometen una serie de actos que afectan los derechos de terceros.

El Presidente de la Corte Suprema de Justicia ha planteado su preocupación por este tipo de cobertura y por el uso inadecuado de una serie de términos jurídicos.  Sin duda que tiene razón, pero es bueno anotar que una vez detectado el fenómeno, hay que hacer lo posible por enmendarlo y esa responsabilidad recae, entre otros, en este poder del Estado.  En este caso sugiero que se trabaje en la difusión de leyes y procedimientos que son desconocidos por los reporteros, en la realización de talleres donde se analicen, tanto la estructura y funciones del sistema judicial, como los derechos de las personas, y en publicaciones o programas de difusión dirigidos tanto a periodistas como al público en general. 

El papel de los medios de comunicación

Por la actividad que realizan, por su alcance y por el significado y peso social que tienen, los medios de comunicación concentran un poder excepcional, que como cualquier otro poder lleva en su seno el germen del exceso y del abuso.

Es un hecho que los medios tienen la capacidad de moldear la realidad, configurar la opinión pública, recrear mitos y prejuicios, transmitir patrones culturales; y, pueden, por tanto,  favorecer o desfavorecer la equidad, la tolerancia, el respeto a la diversidad, la participación, vale decir la democracia, no solo como sistema de gobierno, sino como práctica colectiva de vida.

No podemos negar que hoy en día los medios de comunicación constituyen un referente central para las personas. Tienen una responsabilidad legal, social, ética y moral.

En  consideración  a   esa   responsabilidad,   los   medios   de comunicación tienen varias  obligaciones. Una de ellas, y sin duda alguna la más importante, es la de obrar de buena fe y no permitir que se difundan o transmitan datos o hechos que lesionen la dignidad de las personas, que inciten a la violencia o promuevan la discriminación.

Lastimosamente esta obligación no es asumida por todos los medios y ello se debe, especialmente, a que como lo decíamos, en muchos no prima el bien público sino intereses personales, económicos y políticos.

Ante estos hechos surge la interrogante de qué ocurre con las normas legales, éticas o morales que controlan su accionar; ¿será que son insuficientes o son ineficaces?, ¿será que la tolerancia se ha transformado en conformismo o insensibilidad?, ¿será que la violación o trasgresión de la dignidad de las personas ya no es reprochable?, ¿o será, mas bien, que se está distorsionando el carácter de servicio que tienen los medios para utilizarlos como instrumentos de poder o de lucro?

Considero que la sociedad está obligada a tomar conciencia de esta situación y actuar críticamente. Su posición puede manifestarse con el reproche a estas transgresiones o haciendo escuchar su voz para reclamar por horarios de protección a la niñez o por la emisión de programas violentos y otros que afectan la formación de niños, niñas y adolescentes. Estamos todavía a tiempo para que nuestra pasividad ante cualquier hecho que se aleje de las normas éticas del periodismo, no se constituya en una aprobación implícita de los mismos.

Mecanismos de protección

En Bolivia, el único instrumento para  la  protección del derecho al honor, la honra, la privacidad y el buen nombre, en relación a los medios, es la Ley de Imprenta que data da 1925 y puede considerarse, más bien, una salvaguarda a la libertad de expresión.

Lastimosamente la efectividad de este   instrumento – protegido celosamente por los periodistas, por su carácter garantista del ejercicio de la profesión frente al poder- está  siendo cuestionada día a día, pues son muchas las transgresiones que quedan sin resolverse y  sin sanción.  Además ésta disposición legal que se concentra en el periodismo escrito resulta absolutamente desactualizada frente al avance tecnológico de los medios. 

Aceptando esta situación y haciéndose eco de las demandas de la sociedad, las asociaciones de periodistas del país han propuesto la creación de un Consejo de Etica que, hasta ahora, no se ha plasmado en realidad.  Hay otras iniciativas en esta materia, como la defensoría del lector que ha creado el grupo de diarios Líder, o la de fomentar el establecimiento de Veedurías de los Medios, una iniciativa de instituciones de la sociedad civil en vías de concretarse. Lo que buscan todos estos mecanismos es que prevalezca el sentido de la información como un bien social, antes que un objeto de lucro o poder. 

Pero el tema no concluye ahí. A tiempo de alertar sobre los peligros que se ciernen sobre la profesión periodística, varios estudiosos plantean que debe reenfocar su atención a los temas que interesan a la comunidad.  Creo que en nuestro país hay un esfuerzo en ese sentido que merece reconocimiento.

El gran desafío para los y las periodistas es ser vigilantes ante el ejercicio de una profesión que, cada día más, es ejercido por personas que vienen de fuera del gremio o que tienen otros intereses.  Es preciso crear o fortalecer mecanismos eficaces de regulación o control que impidan la distorsión de los fines éticos y sociales del periodismo, pero también es importante proteger a los periodistas y fortificar la independencia de las redacciones a través de estatutos, como los que acordaron con su empresa los periodistas de La Prensa en La Paz y los que tienen suscritos los redactores de El País, Le Monde y otros medios internacionales con sus respectivas administraciones.

Porque lo evidente es que son los periodistas los que hacen posible que la gente pueda ejercer su derecho a la información.  Y son también ellos y ellas los que fiscalizan al poder y se dan modos para que conozcamos informaciones que otros quisieran guardar en secreto.  Así como están sujetos a la crítica, es justo reconocer el trabajo heroico que realizan para mantenernos informados.

No hay duda que la calidad profesional y ética van de la mano.  Un buen periodista sabe que la promoción y el respeto a la dignidad de las personas es parte consustancial de su profesión. Debe saber también que la información es un bien social que precisa ser manejado celosamente.  No necesita que nadie se lo recuerde...

 Debate: Periodismo y Derechos Humanos

Pregunta.- En una última entrevista que te hice, dijiste que te encontraste con algo más sublime que el periodismo, ¿Te referías a la defensa del hombre?

Respuesta.- Sí, yo muchas veces me pregunté si el periodismo era un vicio. Es una cosa terrible, porque uno entra en el periodismo y no lo puede dejar; habemos muchos periodistas apasionados por el oficio, pero cuando entré al Defensor del Pueblo y me dediqué a la defensa de los derechos humanos; es lo que hacemos los periodistas a través de los años y a lo largo de nuestra carrera, pero sin los instrumentos que te da la vida, esa es la maravilla del Defensor del Pueblo, que después de “ojalearse”, (“¡Ay ojalá se hiciera esto!”), escribir y sentirse frustrado y protestar, de repente una comienza a ver que con esos instrumentos, que son instrumentos de naturaleza intangible, la magistratura de la percepción, la autoridad moral, pues se puede avanzar. A mí me ha pasado de resolver a algunos casos; una vez, por ejemplo, teníamos un indígena guaraní que lo habían tomado preso y acusado de intento de asesinato, precisamente había movido a alguna gente de Santa Cruz y teníamos una mesa de trabajo con indígenas campesinos que siempre invitábamos, bueno, llegamos allá y seguía el problema y en esa reunión estaba el Chaka Rivero (ex ministro), que tendrá sus defectos, pero tiene sus habilidades, y le digo: “Chaka, usted que tiene experiencia, ¿qué me aconseja?”, y me dice: ¿Por qué no le pide audiencia al Presidente de la Corte Superior del Distrito?”, y yo le pido, y él pensó que era la representante; cuando llegamos estaban muchos dirigentes campesinos, el ministro y el director del INRA. La Ley dice que el Defensor no se puede inmiscuir en temas jurisdiccionales, entonces yo me pregunté, cómo planteo el tema; el Presidente nos esperó en su despacho y, bueno, entonces yo le dije: “mire Presidente, sin ánimo de interferir con la justicia, he venido a decirle que los malos abogados y los malos jueces son los principales vulneradores de los derechos de los indígenas”. Le expusimos el caso, había otros siete indígenas que, con la misma acusación, intento de asesinato, habían sido encarcelados.

Lo hicieron con el intento de quitarles sus tierras. Y él mismo se quedó sorprendido, lo llamó al juez de la causa y comenzaron hablar unos y otros, y yo no me salí de mi marco, el ministro dijo que el Ministerio se iba a convertir en parte civil en el juicio, fuimos donde los otros guaraníes que estaban haciendo huelga de hambre, ellos dijeron: “mientras no los suelten nosotros no dejamos nuestra medida”, al día siguiente los soltaron. Nosotros solamente hicimos una visita, solamente habíamos informado sobre el caso, y él se dio cuenta que era una conspiración, por así decirlo, y que no podía prestarse a eso y el juez de la causa lo mismo.

Y como ése, hay montón de casos que con una llamada por teléfono, una gestión, un recurso, hemos logrado que se respeten los derechos de las personas.

Pregunta.- Con esa experiencia, ¿usted piensa que el Defensor o Defensora del Pueblo debería ser elegido por el pueblo o por la clase política?, ¿qué opina al respecto?

Respuesta.- En todas partes, esta es una figura que tiene 200 años y que ha llegado a América Latina en 1978. Con la nueva Constitución española ha venido un nuevo modelo copiado del antiguo que era el sueco: la defensa del ciudadano en la parte administrativa, y le agrega la parte de los derechos humanos. El Defensor del Pueblo, tiene que ser elegido por el Congreso, porque, si fuera elegido por el pueblo, sería ideal. Si lanzamos ahora a elecciones, el pueblo elige, pero corremos el riesgo de que se politice el cargo, y este cargo no puede politizarse. Tenemos que confiar simplemente en que los parlamentarios actúen en conciencia, no es mucho pedirles, porque el Poder Legislativo tiene que funcionar como un poder independiente, pero no lo es.

Pero ahora también se ha generado en los políticos una animadversión a los periodistas que están en política, incluyendo a Carlos Mesa, y hasta los propios parlamentarios. Yo les debo decir que el Defensor ha tenido socios estratégicos, y los periodistas han sido socios; muchas veces hemos tenido la fuerza para hacer prevalecer un determinado criterio, y, además, los periodistas se han comprado la agenda de los derechos humanos.

Pregunta.- ¿Qué opina usted sobre el paso de los periodistas a la política? ¿Es bueno?, ¿Es positivo?, y ¿de la política se puede volver a los medios?

Respuesta.- Como sabrán, yo he pasado por la política, pero, bueno, yo les cuento cuánto me ha durado ese paso. El 11 de octubre del 79 juré en el gabinete del Dr. Guevara, era la gran batalla marítima, estamos cumpliendo 100 años, sin mar. Se realizaba la 9ª Asamblea General de la OEA, iban a llegar 200 periodistas, vale decir, ese era uno de los campos de batalla. Bueno, fui a hablar primero con el Canciller, que me dijo que era un área estratégica, tiene que ser muy bien llevada, y todas las recomendaciones del caso. Y la pensé mucho, al final me decidí y acepté el cargo, bueno, juré y había un colega de la DPA, Hans Hoffmann, y le preguntó al Dr. Guevara: ¿por qué había incorporado en su gabinete a una mujer? El Dr. Guevara le contestó: “ay,  yo no sé si es mujer u hombre, pero lo que sé es que es la mejor periodista del momento”, eso dijo, y yo metida con semejante tarea.

El 1ro de noviembre fue el golpe, iniciamos la resistencia en mi casa. Pasaron 15 días y lo sacamos a Natusch, pero claro, Guevara no volvió y los militares lo pusieron en la misma vara a Guevara y Natusch. Pese a lo corta de la experiencia y a la intensidad que tuvo, les debo decir que no fue fácil volver al periodismo, yo me tomé varios meses. Un día el Dr. Guevara, que volvió al Parlamento, me llamó para que le ayudara a hacer una conferencia de prensa, yo le respondí que ya no era su Ministra de Informaciones, que era una periodista y que no lo podía ayudar, a riesgo de mi independencia, pero, tómese una persona, que es lo que hace todo el mundo, y entró el señor Irusta.

Yo no le hice su conferencia de prensa; pero les cuento lo que es un periodista. La primera sesión de gabinete es increíble: todo se me iba aclarando y estaba dispuesta a salir, cuando me detienen y me dicen que no puedo decir muchas cosas. Y eso es horrible para un periodista, porque, evidentemente es un funcionario de Estado y no puede revelar algunas, porque, no se olviden que la situación económica en ese tiempo era muy dura y yo me quedé frustrada. Yo no aconsejo a un periodista a meterse a fondo en la política, porque uno sufre, ahora, posiblemente, si no hubiera estado un periodista como Ministro de Informaciones, no se hubiera producido lo que se produjo, porque los medios de comunicación…, primero yo recibí la noticia de un colega, que estaban los tanques en la calle y yo había salido de “Presencia”, donde fui muy criticada por el Dr. Cajías y Mons. Quiroz. Tal vez fue como una terrible traición al gremio el haber pasado al otro lado y, cuando se produjo el golpe, yo lo llamé al jefe de redacción a su casa y le pregunté a su mujer, ella respondió que posiblemente algo iba a pasar porque Mario se quedó a dormir en el periódico.

Los periodistas sabían que venía el golpe, pero el gobierno no, miren ustedes los pocos días que yo había estado en el gobierno ya me habían hecho perder el contacto con la realidad; pero, luego los colegas se encargaron de difundir la noticia de que teníamos dos gobiernos y gracias a eso lo sacamos al general.

Bibliografía consultada

ALVAREZ TEJERO, CARLOS - Comunicación, democracia y ciudadanía, Ediciones Ciccus, Buenos Aires 2000

DEFENSOR DEL PUEBLO DEL PERÚ. “Situación de la Libertad de Expresión en el Perú”, Informe Nº 48, Lima – Perú, 2000.

OSORIO MELENDEZ, A. Hugo. “Políticas de Información y Derecho”, Fundación Konrad Adenauer, Santiago de Chile, 1997.

COMISIÓN ANDINA DE JURISTAS. “Protección de los Derechos Humanos” Definiciones Operativas, Lima – Perú, 1997.

CAJIAS DE LA VEGA, Lupe y otros. “Amenaza o Fortaleza Concentración de medios de comunicación en América Latina, Fundación Friedrich Ebert, La Paz – Bolivia, 1999.

DAZA HERNANDEZ, Gladys y otros. “Periodismo y Ciudadanía” , Fundación Konrad Adenauer, Colombia, 2000.

“MANUAL DE CONDUCTAS VULNERATORIAS DE DERECHOS HUMANOS”, Defensor del Pueblo,  La Paz - Bolivia, 2001.

“Etica para periodistas”, María Teresa Herrán y Javier Darío Restrepo, Tercer Mundo Editores, Bogota, 1995.

Debate: Periodismo, derechos humanos y responsabilidad

Pregunta.- En una última entrevista que te hice, dijiste que te encontraste con algo más sublime que el periodismo, ¿Te referías a la defensa del hombre?

Respuesta.- Sí, yo muchas veces me pregunté si el periodismo era un vicio. Es una cosa terrible, porque uno entra en el periodismo y no lo puede dejar; habemos muchos periodistas apasionados por el oficio, pero cuando entré al Defensor del Pueblo y me dediqué a la defensa de los derechos humanos; es lo que hacemos los periodistas a través de los años y a lo largo de nuestra carrera, pero sin los instrumentos que te da la vida, esa es la maravilla del Defensor del Pueblo, que después de “ojalearse”, (“¡Ay ojalá se hiciera esto!”), escribir y sentirse frustrado y protestar, de repente una comienza a ver que con esos instrumentos, que son instrumentos de naturaleza intangible, la magistratura de la percepción, la autoridad moral, pues se puede avanzar. A mí me ha pasado de resolver a algunos casos; una vez, por ejemplo, teníamos un indígena guaraní que lo habían tomado preso y acusado de intento de asesinato, precisamente había movido a alguna gente de Santa Cruz y teníamos una mesa de trabajo con indígenas campesinos que siempre invitábamos, bueno, llegamos allá y seguía el problema y en esa reunión estaba el Chaka Rivero (ex ministro), que tendrá sus defectos, pero tiene sus habilidades, y le digo: “Chaka, usted que tiene experiencia, ¿qué me aconseja?”, y me dice: ¿Por qué no le pide audiencia al Presidente de la Corte Superior del Distrito?”, y yo le pido, y él pensó que era la representante; cuando llegamos estaban muchos dirigentes campesinos, el ministro y el director del INRA. La Ley dice que el Defensor no se puede inmiscuir en temas jurisdiccionales, entonces yo me pregunté, cómo planteo el tema; el Presidente nos esperó en su despacho y, bueno, entonces yo le dije: “mire Presidente, sin ánimo de interferir con la justicia, he venido a decirle que los malos abogados y los malos jueces son los principales vulneradores de los derechos de los indígenas”. Le expusimos el caso, había otros siete indígenas que, con la misma acusación, intento de asesinato, habían sido encarcelados.

Lo hicieron con el intento de quitarles sus tierras. Y él mismo se quedó sorprendido, lo llamó al juez de la causa y comenzaron hablar unos y otros, y yo no me salí de mi marco, el ministro dijo que el Ministerio se iba a convertir en parte civil en el juicio, fuimos donde los otros guaraníes que estaban haciendo huelga de hambre, ellos dijeron: “mientras no los suelten nosotros no dejamos nuestra medida”, al día siguiente los soltaron. Nosotros solamente hicimos una visita, solamente habíamos informado sobre el caso, y él se dio cuenta que era una conspiración, por así decirlo, y que no podía prestarse a eso y el juez de la causa lo mismo.

Y como ése, hay montón de casos que con una llamada por teléfono, una gestión, un recurso, hemos logrado que se respeten los derechos de las personas.

Pregunta.- Con esa experiencia, ¿usted piensa que el Defensor o Defensora del Pueblo debería ser elegido por el pueblo o por la clase política?, ¿qué opina al respecto?

Respuesta.- En todas partes, esta es una figura que tiene 200 años y que ha llegado a América Latina en 1978. Con la nueva Constitución española ha venido un nuevo modelo copiado del antiguo que era el sueco: la defensa del ciudadano en la parte administrativa, y le agrega la parte de los derechos humanos. El Defensor del Pueblo, tiene que ser elegido por el Congreso, porque, si fuera elegido por el pueblo, sería ideal. Si lanzamos ahora a elecciones, el pueblo elige, pero corremos el riesgo de que se politice el cargo, y este cargo no puede politizarse. Tenemos que confiar simplemente en que los parlamentarios actúen en conciencia, no es mucho pedirles, porque el Poder Legislativo tiene que funcionar como un poder independiente, pero no lo es.

Pero ahora también se ha generado en los políticos una animadversión a los periodistas que están en política, incluyendo a Carlos Mesa, y hasta los propios parlamentarios. Yo les debo decir que el Defensor ha tenido socios estratégicos, y los periodistas han sido socios; muchas veces hemos tenido la fuerza para hacer prevalecer un determinado criterio, y, además, los periodistas se han comprado la agenda de los derechos humanos.

Pregunta.- ¿Qué opina usted sobre el paso de los periodistas a la política? ¿Es bueno?, ¿Es positivo?, y ¿de la política se puede volver a los medios?

Respuesta.- Como sabrán, yo he pasado por la política, pero, bueno, yo les cuento cuánto me ha durado ese paso. El 11 de octubre del 79 juré en el gabinete del Dr. Guevara, era la gran batalla marítima, estamos cumpliendo 100 años, sin mar. Se realizaba la 9ª Asamblea General de la OEA , iban a llegar 200 periodistas, vale decir, ese era uno de los campos de batalla. Bueno, fui a hablar primero con el Canciller, que me dijo que era un área estratégica, tiene que ser muy bien llevada, y todas las recomendaciones del caso. Y la pensé mucho, al final me decidí y acepté el cargo, bueno, juré y había un colega de la DPA , Hans Hoffmann, y le preguntó al Dr. Guevara: ¿por qué había incorporado en su gabinete a una mujer? El Dr. Guevara le contestó: “ay,  yo no sé si es mujer u hombre, pero lo que sé es que es la mejor periodista del momento”, eso dijo, y yo metida con semejante tarea.

El 1ro de noviembre fue el golpe, iniciamos la resistencia en mi casa. Pasaron 15 días y lo sacamos a Natusch, pero claro, Guevara no volvió y los militares lo pusieron en la misma vara a Guevara y Natusch. Pese a lo corta de la experiencia y a la intensidad que tuvo, les debo decir que no fue fácil volver al periodismo, yo me tomé varios meses. Un día el Dr. Guevara, que volvió al Parlamento, me llamó para que le ayudara a hacer una conferencia de prensa, yo le respondí que ya no era su Ministra de Informaciones, que era una periodista y que no lo podía ayudar, a riesgo de mi independencia, pero, tómese una persona, que es lo que hace todo el mundo, y entró el señor Irusta.

Yo no le hice su conferencia de prensa; pero les cuento lo que es un periodista. La primera sesión de gabinete es increíble: todo se me iba aclarando y estaba dispuesta a salir, cuando me detienen y me dicen que no puedo decir muchas cosas. Y eso es horrible para un periodista, porque, evidentemente es un funcionario de Estado y no puede revelar algunas, porque, no se olviden que la situación económica en ese tiempo era muy dura y yo me quedé frustrada. Yo no aconsejo a un periodista a meterse a fondo en la política, porque uno sufre, ahora, posiblemente, si no hubiera estado un periodista como Ministro de Informaciones, no se hubiera producido lo que se produjo, porque los medios de comunicación…, primero yo recibí la noticia de un colega, que estaban los tanques en la calle y yo había salido de “Presencia”, donde fui muy criticada por el Dr. Cajías y Mons. Quiroz. Tal vez fue como una terrible traición al gremio el haber pasado al otro lado y, cuando se produjo el golpe, yo lo llamé al jefe de redacción a su casa y le pregunté a su mujer, ella respondió que posiblemente algo iba a pasar porque Mario se quedó a dormir en el periódico.

Los periodistas sabían que venía el golpe, pero el gobierno no, miren ustedes los pocos días que yo había estado en el gobierno ya me habían hecho perder el contacto con la realidad; pero, luego los colegas se encargaron de difundir la noticia de que teníamos dos gobiernos y gracias a eso lo sacamos al general.