PERIODISMO Y DERECHOS HUMANOS
Ana
María Romero de Campero
El 11
de septiembre de 2001, luego del ataque terrorista de dos aviones
que se estrellaron contra las Dos Torres de Nueva York, la
televisión realizó
una cobertura extensa del suceso, con boletines ininterrumpidos
durante varios días, pero el público sentía con que algo le
faltaba. Una vez que se
activaron los reflejos de Pavlov a los que lo acostumbró la
televisión, la gente empezó a preguntarse ¿y los muertos? ¿dónde
están los muertos?
El hecho mostrado asépticamente
no convenció a un público acostumbrado al espectáculo de la
muerte. Al día
siguiente la pregunta se reiteró en varias columnas de prensa hasta
que se conoció que la televisión norteamericana había decidido no
lucrar con los cuadros de horror que había provocado el siniestro
donde se calcula que murieron más de 3.000 personas. Las únicas
escenas espeluznantes que los canales alcanzaron a
proyectar mostraban a personas desesperadas que saltaban al
vacío para huir del infierno instalado en los rascacielos.
La decisión era la que correspondía, pero si la mencionamos
es precisamente por su carácter excepcional.
Todos sabemos que ni la CNN ni otros medios
internacionales y de
nuestro país, tienen el mismo pudor cuando se trata de cubrir
conflictos, catástrofes o hechos de sangre. La competencia
comercial entre los medios alimenta el morbo de la gente y así la
exhibición del dolor, el hambre o la muerte, que son el pan de cada
día, tiende a
insensibilizarnos. Quizás
por eso una de las características de este tiempo sea la
indiferencia y la insensibilidad. Estamos llegando a un punto en que
ya nada nos conmueve.
Quienes deciden lo que es digno o no de mostrarse;
qué asuntos vale la pena cubrir y cuáles no tienen relevancia, son
los jefes de redacción y algunas veces los periodistas. Pero,
aunque la línea de un medio debiera estar a cargo del director,
cada vez más intervienen en este campo gerentes y
propietarios cuyo interés principal está en el mercado.
En
la medida en que esa tendencia se extiende, podemos ver que se
dedica menos tiempo a informar a la sociedad sobre los problemas que
realmente le interesan. Para la comunicadora colombiana María
Teresa Herran, la información sensacionalista puede considerarse,
ante todo, un sofisma de distracción. Pero ¿es sólo eso?
Algunos
autores se han propuesto indagar las causas para que esto suceda y
han llegado a la conclusión de que, en realidad, lo que hacen los
medios es darle a la gente lo que le interesa y entretiene.
Parten de la peligrosa idea de que la gente debe distraerse.
No tiene que preocuparse en pensar u opinar, otros ya están
pensando y decidiendo por ella.
Apoyado
por encuestas y otros estudios, Robert Putnam plantea que esa
especie de adicción colectiva a la ventana electrónica
instalada en millones de hogares ha tenido como primer efecto
una erosión de las relaciones sociales pero, además, ha hecho que
se pierdan grandes contingentes de lectores.
Este autor establece que
existe una relación directa entre la lectura y la
participación. (1)
Putnam
considera que la declinación del tiraje de los diarios frente a la
competencia audiovisual tiene sus efectos, tanto en la economía de
quienes los sustentan, como en los fundamentos mismos del
periodismo.
“El
periodismo no podrá llevar a cabo sus responsabilidades públicas
si a los lectores no les interesa ser, antes que nada,
ciudadanos...”, alerta.
Para
encarar este fenómeno ha surgido en los Estados Unidos y en otros
países una corriente denominada “Public Journalism” o
“periodismo público” que sale al rescate de los fundamentos de
esta profesión. Para
ello no solamente analiza el fenómeno televisivo y sus contenidos,
ya que en este medio hay también lugar para el buen periodismo,
sino que sugiere que si quiere perdurar el periodismo debe encarar
una serie de cambios culturales y generacionales.
“La
existencia de nuestra profesión depende de la viabilidad de la vida
pública. Una población
desinteresada por lo público, replegada hacia la vida y los asuntos
privados, no tiene necesidad ni del periodismo ni de los
periodistas”, dice.
El tema no es menor. Es evidente que una de las
necesidades del ser humano, para desarrollarse como tal, es conocer
los hechos o acontecimientos que se suscitan a su alrededor. Esta
necesidad es lo que se denomina Derecho a la Información y se
manifiesta de dos maneras. Por un lado, en la facultad que tiene
toda persona de investigar hechos o acontecimientos y de difundirlos
a terceros a través de cualquier medio; por otro, en la facultad de
toda persona de acceder o recibir información sobre esos hechos o
acontecimientos.
El
Derecho a la Información plantea una exigencia fundamental que es
la veracidad. Quien informa debe transmitir o comunicar los hechos o
acontecimientos ateniéndose a cómo se suscitaron en la realidad,
ya que la persona depende de ese material noticioso para formarse un
criterio, asumir una posición o actuar de determinada manera.
Shanto Yyengar sostiene
que la cobertura
fragmentaria y episódica de los asuntos públicos ha contribuido a
trivializar la discusión de los asuntos públicos y erosionar las
bases mismas de la democracia.
El Derecho
a la Información implica la posibilidad de conocer la
realidad tal como es. Si
nos atenemos a esa premisa, no habría nada de malo en mostrarlo
todo, pero aquí interviene la obligación de respetar la dignidad
humana como principio fundamental y valor esencial del Estado de
Derecho, pero, además, de brindar un contexto que permita ubicar el
hecho y las circunstancias en que se produjo.
Cabe
definir el concepto y los alcances de la palabra dignidad, para
luego establecer cómo el abuso o el mal uso de un derecho o de una
libertad, a través de los medios de comunicación, pueden afectar
los derechos de las personas y, en consecuencia, su dignidad.
La
dignidad humana no sólo se traduce en el reconocimiento y
respeto de la persona como tal, sino también el de sus derechos
fundamentales. Y esto porque existe una estrecha relación
entre lo que se define como dignidad y los derechos fundamentales de
la persona.
Para
el jurista español Eusebio Fernández, la dignidad de la persona
humana es la fuente de los valores de autonomía, seguridad,
libertad e igualdad que fundamentan éticamente los distintos tipos
de derechos. Por eso la
dignidad humana constituye la condición sine
qua non de los derechos fundamentales.
Derecho
al Honor, la Honra y la buena Reputación
El
ejercicio del periodismo tiene que ser libre y tener como única
limitación el Bien Común, el derecho al honor, la honra y el buen
nombre de las personas.
Veamos
que significa cada uno de estos conceptos:
El
honor
es la percepción interna y subjetiva que tiene el propio sujeto de
su dignidad y supone un grado de autoestima personal. Es un atributo
moral que lleva a la persona al cumplimiento de sus deberes respecto
de sí misma y para con los demás.
La
honra
es el reconocimiento social del honor, la estima y el respeto que
los demás tienen sobre su dignidad, como producto de la virtud y el
mérito.
La
reputación, conocida también como fama o buen nombre,
es el juicio valorativo que los demás guardan sobre las cualidades
de una persona, ya sean morales, personales, profesionales o de
cualquier otra índole y está vinculada a la conducta del sujeto y
a los juicios de valor que sobre esa conducta se forme la sociedad.
Estos
derechos son intangibles: nacen en la estructura misma de la
personalidad de cada ser humano y forman parte de su fuero interno
pero se proyectan hacia el exterior.
A toda persona le asiste el derecho de salvaguardarlos de
ataques injustificados que los vulneren o que busquen quebrantar su
núcleo esencial, que es la preservación de su dignidad.
Dentro
de las normas que protegen este derecho podemos señalar:
-
El artículo 17 del Código Civil dispone que toda persona
tiene derecho a que sea respetado su
buen nombre, y que la protección al honor se garantiza por
este Código y demás leyes pertinentes.
-
Los artículos 282, 283 y 287 del Código Penal establecen
los delitos de difamación, calumnia e injuria. Estos tipos penales
tienen como bien jurídico protegido la honra y reputación de las
personas.
-
El artículo 12 de la Declaración Universal de Derechos
Humanos establece que nadie será objeto de injerencias arbitrarias
en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia,
ni de ataques a su honra o a su reputación, y que toda persona
tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o
ataques.
Libertad de expresión vs. derecho al honor, la
honra y la buena reputación
Si
bien las leyes consagran y protegen los derechos y libertades de las
personas, también establecen las restricciones o limitaciones que
conllevan su ejercicio.
En
ese sentido y de manera general podemos hacer referencia al numeral
2 del artículo 29 de la Declaración Universal de Derechos Humanos
que dice:
En
el ejercicio
de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona
estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por ley,
con el único fin de asegurar el reconocimiento y respeto de los
derechos y libertades de los demás y de satisfacer las justas
exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general
en la sociedad.
Si analizamos este artículo podemos establecer lo siguiente:
Las facultades que una persona tiene en virtud al derecho a
su libertad, no son de carácter absoluto, su ejercicio puede estar
restringido o limitado por la ley.
Las restricciones o limitaciones que se establecen en la
legislación buscan evitar que el abuso o mal uso de esas facultades
vulneren los derechos y libertades de los demás, afecten su
dignidad, la moral, el orden público y el bienestar de una
sociedad.
Ahora
bien, el derecho a la información y la libertad de expresión no
escapan a esta regla puesto que su ejercicio o disfrute conlleva
restricciones o limitaciones que, en la práctica, se traducen en
obligaciones. Por ello es que el periodista que ejerce este derecho
o disfruta de esta libertad debe actuar siempre de buena fe.
No debe olvidar su obligación de respetar los derechos y
libertades de las personas, que son objeto de los hechos u opiniones
que expresa o difunde, ni del bienestar de la sociedad en su
conjunto.
La
trasgresión a estas normas éticas se hace efectiva cuando quien
ejerce este derecho o esta libertad ignora los derechos de otras
personas.
A
diario observamos como, bajo la excusa de que se está ejerciendo
este derecho o esta libertad, se atenta contra el honor y la buena
reputación de las personas; se les imputa la comisión de delitos,
de hechos inmorales o de menosprecio público, se divulgan datos o
hechos de su vida privada sin importar el daño que se les puede
ocasionar.
Y
esto ocurre, por ejemplo, cuando se difunde una noticia relacionada
a la comisión de un delito y se muestra a la víctima con total
falta de respeto hacia su persona o sus familiares, o se sentencia
con ligereza y sin ningún respaldo serio.
En fin, se cometen una serie de actos que afectan los
derechos de terceros.
El
Presidente de la Corte Suprema de Justicia ha planteado su
preocupación por este tipo de cobertura y por el uso inadecuado de
una serie de términos jurídicos.
Sin duda que tiene razón, pero es bueno anotar que una vez
detectado el fenómeno, hay que hacer lo posible por enmendarlo y
esa responsabilidad recae, entre otros, en este poder del Estado.
En este caso sugiero que se trabaje en la difusión de leyes
y procedimientos que son desconocidos por los reporteros, en la
realización de talleres donde se analicen, tanto la estructura y
funciones del sistema judicial, como los derechos de las personas, y
en publicaciones o programas de difusión dirigidos tanto a
periodistas como al público en general.
El
papel de los medios de comunicación
Por
la actividad que realizan, por su alcance y por el significado y
peso social que tienen, los medios de comunicación concentran un
poder excepcional, que como cualquier otro poder lleva en su seno el
germen del exceso y del abuso.
Es
un hecho que los medios tienen la capacidad de moldear la realidad,
configurar la opinión pública, recrear mitos y prejuicios,
transmitir patrones culturales; y, pueden, por tanto,
favorecer o desfavorecer la equidad, la tolerancia, el
respeto a la diversidad, la participación, vale decir la
democracia, no solo como sistema de gobierno, sino como práctica
colectiva de vida.
No
podemos negar que hoy en día los medios de comunicación
constituyen un referente central para las personas. Tienen una
responsabilidad legal, social, ética y moral.
En
consideración a
esa responsabilidad,
los medios
de comunicación tienen varias
obligaciones. Una de ellas, y sin duda alguna la más
importante, es la de obrar de buena fe y no permitir que se difundan
o transmitan datos o hechos que lesionen la dignidad de las
personas, que inciten a la violencia o promuevan la discriminación.
Lastimosamente esta
obligación no es asumida por todos los medios y ello se debe,
especialmente, a que como lo decíamos, en muchos no prima el bien público
sino intereses personales, económicos y políticos.
Ante
estos hechos surge la interrogante de qué ocurre con las normas
legales, éticas o morales que controlan su accionar; ¿será que
son insuficientes o son ineficaces?, ¿será que la tolerancia se ha
transformado en conformismo o insensibilidad?, ¿será que la
violación o trasgresión de la dignidad de las personas ya no es
reprochable?, ¿o será, mas bien, que se está distorsionando el
carácter de servicio que tienen los medios para utilizarlos como
instrumentos de poder o de lucro?
Considero
que la sociedad está obligada a tomar conciencia de esta situación
y actuar críticamente. Su posición puede manifestarse con el
reproche a estas transgresiones o haciendo escuchar su voz para
reclamar por horarios de protección a la niñez o por la emisión
de programas violentos y otros que afectan la formación de niños,
niñas y adolescentes. Estamos todavía a tiempo para que nuestra
pasividad ante cualquier hecho que se aleje de las normas éticas
del periodismo, no se constituya en una aprobación implícita de
los mismos.
Mecanismos
de protección
En
Bolivia, el único instrumento para
la protección
del derecho al honor, la honra, la privacidad y el buen nombre, en
relación a los medios, es la Ley de Imprenta que data da 1925 y
puede considerarse, más bien, una salvaguarda a la libertad de
expresión.
Lastimosamente
la efectividad de este instrumento
– protegido celosamente por los periodistas, por su carácter
garantista del ejercicio de la profesión frente al poder- está
siendo cuestionada día a día, pues son muchas las
transgresiones que quedan sin resolverse y
sin sanción. Además
ésta disposición legal que se concentra en el periodismo escrito
resulta absolutamente desactualizada frente al avance tecnológico
de los medios.
Aceptando esta situación
y haciéndose eco de las demandas de la sociedad, las asociaciones
de periodistas del país han propuesto la creación de un Consejo de
Etica que, hasta ahora, no se ha plasmado en realidad.
Hay otras iniciativas en esta materia, como la defensoría
del lector que ha creado el grupo de diarios Líder, o la de
fomentar el establecimiento de Veedurías de los Medios, una
iniciativa de instituciones de la sociedad civil en vías de
concretarse. Lo que buscan todos estos mecanismos es que prevalezca
el sentido de la información como un bien social, antes que un
objeto de lucro o poder.
Pero el tema no concluye
ahí. A tiempo de alertar sobre los peligros que se ciernen sobre la
profesión periodística, varios estudiosos plantean que debe
reenfocar su atención a los temas que interesan a la comunidad.
Creo que en nuestro país hay un esfuerzo en ese sentido que
merece reconocimiento.
El gran desafío para los
y las periodistas es ser vigilantes ante el ejercicio de una profesión
que, cada día más, es ejercido por personas que vienen de fuera
del gremio o que tienen otros intereses.
Es preciso crear o fortalecer mecanismos eficaces de regulación
o control que impidan la distorsión de los fines éticos y sociales
del periodismo, pero también es importante proteger a los
periodistas y fortificar la independencia de las redacciones a través
de estatutos, como los que acordaron con su empresa los periodistas
de La Prensa en La Paz y
los que tienen suscritos los redactores de El
País, Le Monde y otros medios internacionales con sus
respectivas administraciones.
Porque lo evidente es que
son los periodistas los que hacen posible que la gente pueda ejercer
su derecho a la información. Y
son también ellos y ellas los que fiscalizan al poder y se dan
modos para que conozcamos informaciones que otros quisieran guardar
en secreto. Así como
están sujetos a la crítica, es justo reconocer el trabajo heroico
que realizan para mantenernos informados.
No hay duda que la calidad
profesional y ética van de la mano.
Un buen periodista sabe que la promoción y el respeto a la
dignidad de las personas es parte consustancial de su profesión.
Debe saber también que la información es un bien social que
precisa ser manejado celosamente.
No necesita que nadie se lo recuerde...
Debate: Periodismo y Derechos Humanos
Pregunta.-
En una última entrevista que
te hice, dijiste que te encontraste con algo más sublime que el
periodismo, ¿Te referías a la defensa del hombre?
Respuesta.-
Sí, yo muchas veces me pregunté si el periodismo era un vicio. Es
una cosa terrible, porque uno entra en el periodismo y no lo puede
dejar; habemos muchos periodistas apasionados por el oficio, pero
cuando entré al Defensor del Pueblo y me dediqué a la defensa de
los derechos humanos; es lo que hacemos los periodistas a través de
los años y a lo largo de nuestra carrera, pero sin los instrumentos
que te da la vida, esa es la maravilla del Defensor del Pueblo, que
después de “ojalearse”, (“¡Ay ojalá se hiciera esto!”),
escribir y sentirse frustrado y protestar, de repente una comienza a
ver que con esos instrumentos, que son instrumentos de naturaleza
intangible, la magistratura de la percepción, la autoridad moral,
pues se puede avanzar. A mí me ha pasado de resolver a algunos
casos; una vez, por ejemplo, teníamos un indígena guaraní que lo
habían tomado preso y acusado de intento de asesinato, precisamente
había movido a alguna gente de Santa Cruz y teníamos una mesa de
trabajo con indígenas campesinos que siempre invitábamos, bueno,
llegamos allá y seguía el problema y en esa reunión estaba el
Chaka Rivero (ex ministro), que tendrá sus defectos, pero tiene sus
habilidades, y le digo: “Chaka, usted que tiene experiencia, ¿qué
me aconseja?”, y me dice: ¿Por qué no le pide audiencia al
Presidente de la Corte Superior del Distrito?”, y yo le pido, y él
pensó que era la representante; cuando llegamos estaban muchos
dirigentes campesinos, el ministro y el director del INRA. La Ley
dice que el Defensor no se puede inmiscuir en temas
jurisdiccionales, entonces yo me pregunté, cómo planteo el tema;
el Presidente nos esperó en su despacho y, bueno, entonces yo le
dije: “mire Presidente, sin ánimo de interferir con la justicia,
he venido a decirle que los malos abogados y los malos jueces son
los principales vulneradores de los derechos de los indígenas”.
Le expusimos el caso, había otros siete indígenas que, con la
misma acusación, intento de asesinato, habían sido encarcelados.
Lo hicieron con
el intento de quitarles sus tierras. Y él mismo se quedó
sorprendido, lo llamó al juez de la causa y comenzaron hablar unos
y otros, y yo no me salí de mi marco, el ministro dijo que el
Ministerio se iba a convertir en parte civil en el juicio, fuimos
donde los otros guaraníes que estaban haciendo huelga de hambre,
ellos dijeron: “mientras no los suelten nosotros no dejamos
nuestra medida”, al día siguiente los soltaron. Nosotros
solamente hicimos una visita, solamente habíamos informado sobre el
caso, y él se dio cuenta que era una conspiración, por así
decirlo, y que no podía prestarse a eso y el juez de la causa lo
mismo.
Y como ése, hay
montón de casos que con una llamada por teléfono, una gestión, un
recurso, hemos logrado que se respeten los derechos de las personas.
Pregunta.-
Con esa experiencia, ¿usted
piensa que el Defensor o Defensora del Pueblo debería ser elegido
por el pueblo o por la clase política?, ¿qué opina al respecto?
Respuesta.-
En todas partes, esta es una figura que tiene 200 años y que ha
llegado a América Latina en 1978. Con la nueva Constitución española
ha venido un nuevo modelo copiado del antiguo que era el sueco: la
defensa del ciudadano en la parte administrativa, y le agrega la
parte de los derechos humanos. El Defensor del Pueblo, tiene que ser
elegido por el Congreso, porque, si fuera elegido por el pueblo, sería
ideal. Si lanzamos ahora a elecciones, el pueblo elige, pero
corremos el riesgo de que se politice el cargo, y este cargo no
puede politizarse. Tenemos que confiar simplemente en que los
parlamentarios actúen en conciencia, no es mucho pedirles, porque
el Poder Legislativo tiene que funcionar como un poder
independiente, pero no lo es.
Pero ahora también
se ha generado en los políticos una animadversión a los
periodistas que están en política, incluyendo a Carlos Mesa, y
hasta los propios parlamentarios. Yo les debo decir que el Defensor
ha tenido socios estratégicos, y los periodistas han sido socios;
muchas veces hemos tenido la fuerza para hacer prevalecer un
determinado criterio, y, además, los periodistas se han comprado la
agenda de los derechos humanos.
Pregunta.-
¿Qué opina usted sobre el
paso de los periodistas a la política? ¿Es bueno?, ¿Es positivo?,
y ¿de la política se puede volver a los medios?
Respuesta.-
Como sabrán, yo he pasado por la política, pero, bueno, yo les
cuento cuánto me ha durado ese paso. El 11 de octubre del 79 juré
en el gabinete del Dr. Guevara, era la gran batalla marítima,
estamos cumpliendo 100 años, sin mar. Se realizaba la 9ª Asamblea
General de la OEA, iban a llegar 200 periodistas, vale decir, ese
era uno de los campos de batalla. Bueno, fui a hablar primero con el
Canciller, que me dijo que era un área estratégica, tiene que ser
muy bien llevada, y todas las recomendaciones del caso. Y la pensé
mucho, al final me decidí y acepté el cargo, bueno, juré y había
un colega de la DPA, Hans Hoffmann, y le preguntó al Dr. Guevara:
¿por qué había incorporado en su gabinete a una mujer? El Dr.
Guevara le contestó: “ay, yo
no sé si es mujer u hombre, pero lo que sé es que es la mejor
periodista del momento”, eso dijo, y yo metida con semejante
tarea.
El 1ro de
noviembre fue el golpe, iniciamos la resistencia en mi casa. Pasaron
15 días y lo sacamos a Natusch, pero claro, Guevara no volvió y
los militares lo pusieron en la misma vara a Guevara y Natusch. Pese
a lo corta de la experiencia y a la intensidad que tuvo, les debo
decir que no fue fácil volver al periodismo, yo me tomé varios
meses. Un día el Dr. Guevara, que volvió al Parlamento, me llamó
para que le ayudara a hacer una conferencia de prensa, yo le respondí
que ya no era su Ministra de Informaciones, que era una periodista y
que no lo podía ayudar, a riesgo de mi independencia, pero, tómese
una persona, que es lo que hace todo el mundo, y entró el señor
Irusta.
Yo no le hice su
conferencia de prensa; pero les cuento lo que es un periodista. La
primera sesión de gabinete es increíble: todo se me iba aclarando
y estaba dispuesta a salir, cuando me detienen y me dicen que no
puedo decir muchas cosas. Y eso es horrible para un periodista,
porque, evidentemente es un funcionario de Estado y no puede revelar
algunas, porque, no se olviden que la situación económica en ese
tiempo era muy dura y yo me quedé frustrada. Yo no aconsejo a un
periodista a meterse a fondo en la política, porque uno sufre,
ahora, posiblemente, si no hubiera estado un periodista como
Ministro de Informaciones, no se hubiera producido lo que se
produjo, porque los medios de comunicación…, primero yo recibí
la noticia de un colega, que estaban los tanques en la calle y yo
había salido de “Presencia”,
donde fui muy criticada por el Dr. Cajías y Mons. Quiroz. Tal vez
fue como una terrible traición al gremio el haber pasado al otro
lado y, cuando se produjo el golpe, yo lo llamé al jefe de redacción
a su casa y le pregunté a su mujer, ella respondió que
posiblemente algo iba a pasar porque Mario se quedó a dormir en el
periódico.
Los periodistas
sabían que venía el golpe, pero el gobierno no, miren ustedes los
pocos días que yo había estado en el gobierno ya me habían hecho
perder el contacto con la realidad; pero, luego los colegas se
encargaron de difundir la noticia de que teníamos dos gobiernos y
gracias a eso lo sacamos al general.
Bibliografía consultada
ALVAREZ TEJERO, CARLOS -
Comunicación, democracia y ciudadanía, Ediciones Ciccus, Buenos
Aires 2000
DEFENSOR DEL PUEBLO DEL
PERÚ. “Situación de la Libertad de Expresión en el Perú”,
Informe Nº 48, Lima – Perú, 2000.
OSORIO MELENDEZ, A. Hugo.
“Políticas de Información y Derecho”, Fundación Konrad
Adenauer, Santiago de Chile, 1997.
COMISIÓN ANDINA DE
JURISTAS. “Protección de los Derechos Humanos” Definiciones
Operativas, Lima – Perú, 1997.
CAJIAS DE LA VEGA, Lupe y
otros. “Amenaza o Fortaleza Concentración de medios de comunicación
en América Latina, Fundación Friedrich Ebert, La Paz – Bolivia,
1999.
DAZA HERNANDEZ, Gladys y
otros. “Periodismo y Ciudadanía” , Fundación Konrad Adenauer,
Colombia, 2000.
“MANUAL DE CONDUCTAS
VULNERATORIAS DE DERECHOS HUMANOS”, Defensor del Pueblo,
La Paz
- Bolivia, 2001.
“Etica para
periodistas”, María Teresa Herrán y Javier Darío Restrepo,
Tercer Mundo Editores, Bogota, 1995.
Debate: Periodismo, derechos humanos y
responsabilidad
Pregunta.-
En una última entrevista que
te hice, dijiste que te encontraste con algo más sublime que el
periodismo, ¿Te referías a la defensa del hombre?
Respuesta.-
Sí, yo muchas veces me pregunté si el periodismo era un vicio. Es
una cosa terrible, porque uno entra en el periodismo y no lo puede
dejar; habemos muchos periodistas apasionados por el oficio, pero
cuando entré al Defensor del Pueblo y me dediqué a la defensa de
los derechos humanos; es lo que hacemos los periodistas a través de
los años y a lo largo de nuestra carrera, pero sin los instrumentos
que te da la vida, esa es la maravilla del Defensor del Pueblo, que
después de “ojalearse”, (“¡Ay ojalá se hiciera esto!”),
escribir y sentirse frustrado y protestar, de repente una comienza a
ver que con esos instrumentos, que son instrumentos de naturaleza
intangible, la magistratura de la percepción, la autoridad moral,
pues se puede avanzar. A mí me ha pasado de resolver a algunos
casos; una vez, por ejemplo, teníamos un indígena guaraní que lo
habían tomado preso y acusado de intento de asesinato, precisamente
había movido a alguna gente de Santa Cruz y teníamos una mesa de
trabajo con indígenas campesinos que siempre invitábamos, bueno,
llegamos allá y seguía el problema y en esa reunión estaba el
Chaka Rivero (ex ministro), que tendrá sus defectos, pero tiene sus
habilidades, y le digo: “Chaka, usted que tiene experiencia, ¿qué
me aconseja?”, y me dice: ¿Por qué no le pide audiencia al
Presidente de
la Corte Superior
del Distrito?”, y yo le pido, y él pensó que era la
representante; cuando llegamos estaban muchos dirigentes campesinos,
el ministro y el director del INRA.
La Ley
dice que el Defensor no se puede inmiscuir en temas
jurisdiccionales, entonces yo me pregunté, cómo planteo el tema;
el Presidente nos esperó en su despacho y, bueno, entonces yo le
dije: “mire Presidente, sin ánimo de interferir con la justicia,
he venido a decirle que los malos abogados y los malos jueces son
los principales vulneradores de los derechos de los indígenas”.
Le expusimos el caso, había otros siete indígenas que, con la
misma acusación, intento de asesinato, habían sido encarcelados.
Lo
hicieron con el intento de quitarles sus tierras. Y él mismo se
quedó sorprendido, lo llamó al juez de la causa y comenzaron
hablar unos y otros, y yo no me salí de mi marco, el ministro dijo
que el Ministerio se iba a convertir en parte civil en el juicio,
fuimos donde los otros guaraníes que estaban haciendo huelga de
hambre, ellos dijeron: “mientras no los suelten nosotros no
dejamos nuestra medida”, al día siguiente los soltaron. Nosotros
solamente hicimos una visita, solamente habíamos informado sobre el
caso, y él se dio cuenta que era una conspiración, por así
decirlo, y que no podía prestarse a eso y el juez de la causa lo
mismo.
Y
como ése, hay montón de casos que con una llamada por teléfono,
una gestión, un recurso, hemos logrado que se respeten los derechos
de las personas.
Pregunta.- Con
esa experiencia, ¿usted piensa que el Defensor o Defensora del
Pueblo debería ser elegido por el pueblo o por la clase política?,
¿qué opina al respecto?
Respuesta.-
En todas partes, esta es una figura que tiene 200 años y que ha
llegado a América Latina en 1978. Con la nueva Constitución española
ha venido un nuevo modelo copiado del antiguo que era el sueco: la
defensa del ciudadano en la parte administrativa, y le agrega la
parte de los derechos humanos. El Defensor del Pueblo, tiene que ser
elegido por el Congreso, porque, si fuera elegido por el pueblo, sería
ideal. Si lanzamos ahora a elecciones, el pueblo elige, pero
corremos el riesgo de que se politice el cargo, y este cargo no
puede politizarse. Tenemos que confiar simplemente en que los
parlamentarios actúen en conciencia, no es mucho pedirles, porque
el Poder Legislativo tiene que funcionar como un poder
independiente, pero no lo es.
Pero
ahora también se ha generado en los políticos una animadversión a
los periodistas que están en política, incluyendo a Carlos Mesa, y
hasta los propios parlamentarios. Yo les debo decir que el Defensor
ha tenido socios estratégicos, y los periodistas han sido socios;
muchas veces hemos tenido la fuerza para hacer prevalecer un
determinado criterio, y, además, los periodistas se han comprado la
agenda de los derechos humanos.
Pregunta.-
¿Qué opina usted sobre el
paso de los periodistas a la política? ¿Es bueno?, ¿Es positivo?,
y ¿de la política se puede volver a los medios?
Respuesta.-
Como sabrán, yo he pasado por la política, pero, bueno, yo les
cuento cuánto me ha durado ese paso. El 11 de octubre del 79 juré
en el gabinete del Dr. Guevara, era la gran batalla marítima,
estamos cumpliendo 100 años, sin mar. Se realizaba la 9ª Asamblea
General de
la OEA
, iban a llegar 200 periodistas, vale decir, ese era uno de los
campos de batalla. Bueno, fui a hablar primero con el Canciller, que
me dijo que era un área estratégica, tiene que ser muy bien
llevada, y todas las recomendaciones del caso. Y la pensé mucho, al
final me decidí y acepté el cargo, bueno, juré y había un colega
de
la DPA
, Hans Hoffmann, y le preguntó al Dr. Guevara: ¿por qué había
incorporado en su gabinete a una mujer? El Dr. Guevara le contestó:
“ay, yo no sé si es
mujer u hombre, pero lo que sé es que es la mejor periodista del
momento”, eso dijo, y yo metida con semejante tarea.
El
1ro de noviembre fue el golpe, iniciamos la resistencia en mi casa.
Pasaron 15 días y lo sacamos a Natusch, pero claro, Guevara no
volvió y los militares lo pusieron en la misma vara a Guevara y
Natusch. Pese a lo corta de la experiencia y a la intensidad que
tuvo, les debo decir que no fue fácil volver al periodismo, yo me
tomé varios meses. Un día el Dr. Guevara, que volvió al
Parlamento, me llamó para que le ayudara a hacer una conferencia de
prensa, yo le respondí que ya no era su Ministra de Informaciones,
que era una periodista y que no lo podía ayudar, a riesgo de mi
independencia, pero, tómese una persona, que es lo que hace todo el
mundo, y entró el señor Irusta.
Yo
no le hice su conferencia de prensa; pero les cuento lo que es un
periodista. La primera sesión de gabinete es increíble: todo se me
iba aclarando y estaba dispuesta a salir, cuando me detienen y me
dicen que no puedo decir muchas cosas. Y eso es horrible para un
periodista, porque, evidentemente es un funcionario de Estado y no
puede revelar algunas, porque, no se olviden que la situación económica
en ese tiempo era muy dura y yo me quedé frustrada. Yo no aconsejo
a un periodista a meterse a fondo en la política, porque uno sufre,
ahora, posiblemente, si no hubiera estado un periodista como
Ministro de Informaciones, no se hubiera producido lo que se
produjo, porque los medios de comunicación…, primero yo recibí
la noticia de un colega, que estaban los tanques en la calle y yo
había salido de “Presencia”,
donde fui muy criticada por el Dr. Cajías y Mons. Quiroz. Tal vez
fue como una terrible traición al gremio el haber pasado al otro
lado y, cuando se produjo el golpe, yo lo llamé al jefe de redacción
a su casa y le pregunté a su mujer, ella respondió que
posiblemente algo iba a pasar porque Mario se quedó a dormir en el
periódico.
Los
periodistas sabían que venía el golpe, pero el gobierno no, miren
ustedes los pocos días que yo había estado en el gobierno ya me
habían hecho perder el contacto con la realidad; pero, luego los
colegas se encargaron de difundir la noticia de que teníamos dos
gobiernos y gracias a eso lo sacamos al general.
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